
Navegando por internet encontré un artículo en el que se hablaba de los efectos de la televisión en la conducta de los niños que la ven por largos periodos de tiempo sin supervisión. A continuación cito una parte:
“Cientos de estudios sobre los efectos de la televisión en los niños… han encontrado que el tiempo que se pasa frente al televisor es tiempo que se resta a actividades importantes, tales como la lectura, el trabajo escolar, el juego, la interacción con la familia ye el desarrollo social. Los niños que miran demasiada televisión están en mayor riesgo de sacar malas notas en la escuela y leer menos libros” (www.rincondelvago.com ).
Desde la aparición de la televisión en el mundo, y desde su llegada a México específicamente, las generaciones hemos crecido frente al televisor, hemos sido educados (por así decirlo) por la programación que en la mayoría de las ocasiones no es apta para niños.
En México son pocos lo programas que van dirigidos a la audiencia infantil, solo algunas telenovelas que en realidad exaltan “valores” o modelos de conducta que suelen tener los mayores, esto cuando no son series o dibujos animados extranjeros.
No debería extrañarnos entonces que siendo conductualmente formados, o deformados más bien, por la programación de la televisión mexicana, resulte que como escribe Guillermo Sheridan maestro de literatura que “Ya no es apreciación subjetiva sino hecho científicamente demostrado: al mexicano no le interesan los libros… Las estadísticas avasallan. Demuestran con alevosía y ventaja, sin mostrar forma alguna de clemencia ni resquicio para el anhelado error metodológico, que al mexicano (el 99.99 por ciento) no le gusta leer. Es más, no sólo no le gusta leer, no le gustan los libros ni siquiera en calidad de cosa, ni para no leerlos ni para nada, vamos, ni para prótesis de la cama que se rompió una pata… Estas estadísticas han cubierto al país de vergüenza. Lo bueno es que como el país no lee, no se ha enterado de que está cubierto de vergüenza” ( www.letraslibres.com ) y que evidentemente seamos un país inculto, con ciudadanos de bajo perfil intelectual no por falta de capacidad sino por el aletargamiento de la misma gracias al consumo mediático.
En fin, así crecieron los niños frente al televisor, así crecimos y así seguirán creciendo, y probablemente lo mismo seguiremos siendo un pueblo de “agachones” como vulgarmente se dice, lo que significa personas (ciudadanos) que se dejan aprovechar por los demás (empresas mediáticas, partidos políticos, gobierno, instituciones públicas, y un interminable etc.) sin oponer resistencia.
Jiménez Herrera
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